Qué hay detrás de los buñuelos de viento madrileños en el Día de Todos los Santos
Madrid consume unos 300.000 kilos de buñuelos de viento en el puente de Todos los Santos. Origen del dulce, tradición religiosa y el papel de la pastelería local.
Madrid consume en el puente de noviembre unos 300.000 kilos de buñuelos de viento, según los datos que maneja la asociación empresarial del sector pastelero madrileño (Asempas). La cifra sitúa a este dulce frito como uno de los productos más demandados de la pastelería local en las fechas de Todos los Santos.
El origen del buñuelo es humilde. Los registros gastronómicos de la capital datan estos dulces en el siglo XVII, cuando se elaboraban como cocina de aprovechamiento, con harina, huevo y aceite, y no como un postre reservado a las clases acomodadas. Con el tiempo, la receta salió de las casas y se extendió por los puestos ambulantes, donde alcanzó una notable popularidad.
Existe además una tradición de carácter religioso ligada a estas fechas. Según recoge la información de Turismo de Madrid, en los conventos se preparaban buñuelos durante estos días porque se creía que su consumo ayudaba a liberar un alma del purgatorio. Esa creencia forma parte del imaginario popular que todavía acompaña a la costumbre.
El nombre de los buñuelos de viento responde a su estructura: el interior hueco, una burbuja de aire, es lo que da carácter al producto. Desde el punto de vista comercial, el sector pastelero aprovecha la temporada para introducir nuevos sabores y versiones actualizadas de una fritura tradicional, lo que amplía su atractivo entre públicos distintos.
La persistencia de esta costumbre muestra cómo una receta de aprovechamiento doméstico puede mantener vigencia durante siglos. La combinación de memoria histórica, creencia religiosa y adaptación comercial explica que los buñuelos sigan ocupando un lugar central en el calendario gastronómico madrileño.