Las floristerías de La Almudena se reinventan ante el declive de la tradición del Día de Todos los Santos
Las floristerías de La Almudena se preparan para el 1 de noviembre pese al declive de la tradición, en un sector que busca reinventarse ante la incineración.
Las floristerías de los alrededores del cementerio de La Almudena, en Madrid, preparan el Día de Todos los Santos con una actividad que se multiplica en los días previos, pese a que la costumbre de llevar flores a los difuntos ha perdido fuerza. Los comerciantes reconocen que el sector debe adaptarse a nuevos hábitos de compra.
Según los datos recogidos en la zona, los trabajadores llevan una semana cortando tallos y elaborando ramos y centros florales. Crisantemos, claveles, gladiolos, rosas, lirios y margaritas llenan las calles próximas a la entrada principal de un camposanto que la Administración describe como uno de los más grandes y antiguos de Europa occidental.
El fenómeno tiene una lectura de fondo. La incineración se ha generalizado y la población más joven acude menos a los cementerios, según explican los propios vendedores. Esto ha reducido la demanda tradicional del 1 de noviembre y ha obligado a diversificar la oferta hacia ramos para cumpleaños o aniversarios.
El caso también pone sobre la mesa la situación administrativa de los puestos. Los floristas abonan una tasa anual por la concesión del quiosco y un pago adicional por instalar carpas durante la campaña. Uno de ellos ha visto renovada su concesión por quince años, aunque reclama suministro eléctrico estable, al depender de placas solares que fallan en algunos momentos.
Las implicaciones son también laborales y económicas. Los negocios amplían plantillas de forma temporal, almacenan mercancía en cámaras frigoríficas y asumen inversiones que pueden perderse si el tiempo empeora, como ya ocurrió durante la pandemia. La campaña conlleva, en palabras de uno de los responsables, un esfuerzo considerable.
Con todo, el sector mantiene su presencia cada año en torno a esta fecha. La pregunta de fondo es si la tradición se transformará en un consumo más puntual y ligado a encargos, o si se consolidará como un gesto ritual que sobreviva a los cambios en la forma de despedir y recordar a los seres queridos.