Qué hay detrás de 'La diatriba del perro', la obra que vuelve al Teatro del Barrio
La obra de Cristina Fallarás y Sato Díaz vuelve al Teatro del Barrio con funciones el 31 de octubre y el 14 y 21 de noviembre, sobre masculinidad y abuso de poder.
'La diatriba del perro' regresa este sábado 31 de octubre al Teatro del Barrio, en el distrito Centro de Madrid, con funciones también los días 14 y 21 de noviembre, siempre a las 13 horas. La obra se estrenó en abril y su reposición llega con la venta de entradas ya abierta en taquilla y en la web del teatro.
La pieza, escrita por la activista y escritora Cristina Fallarás e interpretada por Sato Díaz, sigue a un presentador de televisión que se presenta como un hombre comprometido con el feminismo. Su imagen se derrumba cuando una joven periodista de su programa le acusa de abuso. La propuesta parte de una idea incómoda: el espectador debe permanecer junto a un personaje que puede provocarle rechazo durante toda la representación.
El director, Rubén Romero, sostiene que la obra busca cuestionar la masculinidad y el poder que se ejerce en las relaciones heterosexuales. Según explica, el montaje no ofrece respuestas sencillas, sino que pretende situar al público ante un problema estructural. Romero plantea una pregunta de fondo: hasta qué punto es posible desprenderse de una educación y una cultura machistas interiorizadas durante toda la vida.
La génesis del proyecto también tiene relevancia. Díaz encargó el texto a Fallarás en otoño de 2022 y quiso que fuera una mujer quien escribiera la historia. La dramaturga, por su parte, rechazó retratar al 'aliado' como una caricatura fácil y optó por un protagonista con dudas, contradicciones y matices, un hombre que conoce los avances feministas pero que los olvida cuando el señalado es él.
El montaje se inscribe en un debate más amplio. Díaz advierte de que la conversación política ha desplazado la cuestión feminista hacia asuntos como la vivienda, la desigualdad o el coste de la vida. Desde esa perspectiva, la obra reclama que la violencia machista siga ocupando un lugar visible en la agenda cultural y social, más allá de las campañas puntuales.
Las próximas funciones de noviembre permitirán comprobar hasta qué punto la pieza mantiene su capacidad de incomodar a un público que, según sus responsables, aún puede reflexionar sobre sus propias contradicciones.