• miércoles 8 de febrero del 2023
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Los mensajes de Benedicto XVI en la JMJ de Madrid: Del "No les avergoncéis del Señor" al "Más fuertes que la lluvia"

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Definió España como "una enorme nación", que en convivencia "sabe y puede progresar sin abandonar su alma intensamente religiosa y católica"

MADRID, 31 Dic.

El 21 de agosto de 2011, hace en este momento mucho más de once años, Benedicto XVI, fallecido este sábado 31 de octubre a los 95 años, abandonaba España tras pasar 4 intensos días en Madrid encabezando la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Durante su estancia, el Pontífice dejo una sucesión de mensajes a la sociedad y especialmente a la juventud. El primero, solamente poner el pie en España fue claro y conciso: "No les avergoncéis del Señor".

Así, hace mucho más de una década, en medio de una crisis económica, en la liturgia de bienvenida en el campo de aviación de Barajas, frente autoridades españolas de todos y cada uno de los ámbitos, no deseó dejar de acordarse de varios jóvenes, que "miran con preocupación el futuro frente a la contrariedad de localizar un empleo digno, o por haberlo perdido o poseerlo muy precario y también inseguro".

Antes, en el vuelo papal que le trajo a Madrid, el Pontífice ahora había pedido, en su diálogo con los cronistas, compromiso frente a la crisis económica. "La economía no puede referirse a sí, sino el hombre ha de estar en el centro de la economía, que no representa solo el beneficio sino más bien la solidaridad", ha dicho.

Esa misma tarde, frente a la primera multitud de jóvenes congregados en la Plaza de Cibeles, a lo largo del alegato de bienvenida y tras atravesar caminando la Puerta de Alcalá, criticó a esos que "desearían elegir por sí mismos lo que es cierto o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; elegir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en labras de otras opciones". "Sí, existen muchos que, creyéndose dioses, opínan no tener necesidad de sobra raíces ni cimientos que ellos mismos", advirtió, al paso que exhortó a los jóvenes a que su fe sea opción alternativa válida para los que "se han venido abajo".

En su segunda día en España, el Papa defendió la "radicalidad evangélica" de la vida consagrada en oposición al "relativismo y la mediocridad", a lo largo de su acercamiento en el Patio de los Reyes del Monasterio de El Escorial con 1.664 religiosas jóvenes. "En oposición al relativismo y la mediocridad, aparece la necesidad de esta radicalidad que atestigua la consagración como una pertenencia a Dios demasiado amado", resaltó.

Poco después, Benedicto XVI se dirigía a mucho más de miles de instructores, reunidos en la Basílica de El Escorial, a los que advertía de la visión "utilitarista" de la educación que cunde hoy en dia. "Entendemos que en el momento en que la sola herramienta y el pragmatismo inmediatos se erigen como método primordial, las pérdidas tienen la posibilidad de ser tráficas: desde los abusos de la ciencia sin límites, alén de ella misma, hasta el totalitarismo político que se despierta de forma fácil en el momento en que se suprime toda referencia superior al mero cálculo del poder", ha dicho mientras que solicitó profesores genuinos, humildes y que procuren la realidad.

Por la tarde del viernes, el Papa dirigió a los jóvenes peregrinos otro de sus mensajes mucho más directos: "No paséis de largo frente al padecimiento humano". Así, les explicó que padecer con el otro, por los otros, padecer por amor de la realidad y de la justicia; padecer a raíz del amor y con el objetivo de transformarse en un individuo que quiere verdaderamente, son elementos escenciales de la raza humana, cuya pérdida "destrozaría al hombre mismo".

En su tercera día, frente 4.000 seminaristas y en la Catedral de la Almudena, Joseph Ratzinger, solicitó a los curas que fuesen santurrones para no hacer contradicciones y les animó a no dejarse intimidar "por un ambiente que quiere excluir a Dios". "Es posible que les menosprecien, como se acostumbra llevar a cabo con quienes evocan misiones mucho más altas o descubren los ídolos frente a los que el día de hoy varios se postran. Será entonces en el momento en que una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre verdaderamente como una novedad y atraiga de forma fuerte a quienes de verdad procuran a Dios, la realidad y la justicia", les ha dicho. No solo eso, anunció la proclamación de San Juan de Ávila, patrón de los curas, como Doctor de la Iglesia.

Por la tarde, se dirigió hacia el Instituto Fundación San José para argumentar a la gente con discapacidad que "son los personajes principales de esta civilización" y proteger la dignidad de "cada" vida. "Una sociedad que no consigue admitir a los que padecen y no es con la capacidad de contribuir a través de la compasión a que el padecimiento sea compartido y sobrellevado asimismo internamente, es una sociedad despiadado y también inhumana", les aseguró.

Ya en la Vigilia de Cuatro vientos, el Papa tenía pensado proteger el matrimonio indisoluble entre hombre y mujer, criticar la civilización relativista que deprecia la búsqueda de la realidad y animar a los jóvenes a mantenerse leales a sus vocaciones. Sin embargo, el fuerte aguacero que sorprendió a los ayudantes le logró improvisar y, al reanudar su alegato obsequió otro mensaje escueto y claro a los jóvenes: "Vuestra fuerza es mayor que la lluvia". Y añadió: "Gracias por vuestra alegría y resistencia. El Señor, con la lluvia, nos ha mandado muchas bendiciones, sois un caso de muestra".

De vuelta a Cuatro Vientos en la misa de envío de la JMJ del domingo, el Papa deseó entender de qué forma habían pasado la noche los jóvenes tras la tormenta y les mencionó que había planeado bastante en ellos: "Esta madrugada vais a haber levantado los ojos al cielo en más de una ocasión; y no solo los ojos, sino más bien asimismo el corazón --siguió, nuevamente improvisando--. Eso les va a haber tolerado rezar".

Más tarde, en la homilía, Benedicto XVI lanzó un último mensaje a la multitud de sobra de un millón y medio de jóvenes de todo el planeta: "Continuar a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia". Por eso, les solicitó que vayan a misa todos los domingos, que se confiesen y que recen. "El planeta precisa el testimonio de vuestra fe. A nosotros asimismo les atañe la excepcional labor de ser acólitos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas mucho más enormes (...) y no se dejan cautivar por faltas promesas de un modo de vida sin Dios", sentenció.

Y, en el momento en que ahora le quedaba poco mucho más de una hora para el regreso, el Pontífice deseó ofrecer en persona aliento directo a los 12.000 voluntarios que formaron parte de las jornadas: "Habéis dado a la JMJ la cara de la amabilidad, la simpatía y la distribución". Al final de su viaje, pocos minutos antes de regresar a Roma y en el campo de aviación, Benedicto XVI se refirió a España como "una enorme nación, que en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin abandonar su alma intensamente religiosa y católica".

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