• lunes 26 de septiembre del 2022
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El tramo de tubería que anegó la M-30 llevaba sin arreglar ya hace 61 años

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El socavón va a tardar prácticamente un mes en ocultar. Es la única huella aparente de la inundación que colapsó el jueves la M-30, de la tromba de agua que escupió una tubería rota y manchó de lodo el sur de Madrid. Una máquina se afanaba ayer en adecentar ese orificio sellado, en la desembocadura de la calle de Antonio Leyva en la glorieta del Marqués de Vadillo, el punto atravesado por una cañería construida en 1961. El Canal de Isabel II cambiará en este momento el tramo dañado, de fundición gris y 50 metros de largo, que no se ha reparado en sus 61 años de vida y que reventó el jueves de madrugada.

Los trabajos van a durar entre tres y 4 semanas, reportan fuentes de la compañía pública, que insisten en que la tubería «se encontraba renovada en su integridad, salvo esos 50 metros». Ese segmento de 500 milímetros de diámetro que cedió a las 2.20 de la mañana del jueves y vertió un total de 6 millones de litros de agua clorada a la área. Desde el Canal de Isabel II afirman que la lluvia «no» es la culpable, que la rotura «fue casual y ha podido haber influido la antigüedad del material».

La reparación del tubo ahora ha arrancado. También la de los vecinos de la colindante calle de Antonio López, donde una cantidad enorme de litros de agua corrieron por el asfalto y inundaron locales enteros. Xu ha perdido una nevera y un grifo de cerveza bajo la barra de su bar. Natalia almacena bolsas y bolsas de prendas empapadas en el almacén de su bazar. Eduardo no puede arrancar su turismo, inutilizado por el río que empantanó un estacionamiento de habitantes. Son solo ciertos de las decenas y decenas de damnificados que ayer por la mañana todavía contabilizaban desperfectos y administraban trámites con las empresas aseguradoras.

La tromba de agua dejó decenas y decenas de damnificados en la calle de Antonio López, que este viernes todavía limpiaban y administraban los trámites con las empresas aseguradoras

«Buenos días, es aquí donde venden turismos económicos, ¿no?», bromeaba al mediodía un vecino en el número 15 de la calle de Antonio López, donde reinaba el ajetreo de las grúas que remolcaban turismos enfangados. En el ingreso al estacionamiento, una empinada rampa que invitó al agua a bajar hasta la cuarta planta, se reunían los habitantes, enojados y preocupados por la fortuna de sus automóviles. «Usted cuenta con que ofrecer el parte a su empresa aseguradora, y todos y cada uno de los datos, y asimismo al del Canal de Isabel II mediante un mail. Si usted desea, puede sacar el vehículo con una grúa, no es necesario aguardar al perito», explicaba constantemente el gestor de la finca, Carlos Hernando.

Los bomberos tardaron 15 horas, con 4 bombas y ocho mangueras, en achicar el agua del estacionamiento. Del millar de plazas, unas 200 se sumergieron múltiples centímetros y 60 turismos padecieron los peores daños. El Skoda Karoq blanco de Angelines Salamanca, de 75 años, se encontraba ayer empapado. «El turismo no tenía ni un par de años, lo utilizábamos para llevar a los nietos al instituto y poco mucho más», cuenta la mujer, y enseña el motor mojado. «Te dejas los ahorros suponiendo que no te comprarás mucho más turismos y en este momento a conocer si nos sigue con vida», lamentaba.

El túnel que conecta Marqués de Vadillo y Pirámides se prevé que reabra esta mañana tras la limpieza del barro

La calle, sin embargo, se encontraba saneada. A las puertas del bar Estrella, solo un cubo con un limpiacristales delataba el ahínco de su dueña por eliminar el fracaso. «Esto está roto; esto, roto, y eso, roto», señalaba Xu múltiples máquinas bajo la barra. Mucha comida de la despensa asimismo se echó a perder. Xu mostró múltiples fotografías en su móvil inteligente en las que el bar está cubierto por un charco de agua obscura. Las mismas fotografías que remitirá al seguro, que todavía no ha cuantificado los daños.

En el bazar Buenas y también Increíblemente Baratas, Natalia proseguía fregando los 300 m2 de su local. Ayer solamente había limpiado una tercer parte del almacén, donde almacena toda clase de prendas. «Solo nos encontramos 2 limpiando, de ahí que es durísimo», reconocía Natalia. Calcula «por lo menos» unas pérdidas de 1.000 euros en género insalvable. También mandará fotografías al seguro. Como el resto de damnificados, solo queda aguardar.

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