• jueves 2 de febrero del 2023
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'Cooperativas' de narcos reactivan la ruta africana de la cocaína a asambleas y clubes distinguidos de Madrid

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Hace unos años, la famosa como ruta africana de la sustancia se empleaba de forma secundaria por cárteles suramericanos para ingresar la sustancia en España y, subsidiariamente, en otros enormes países de Europa. Sin embargo, tras la pandemia (y a lo largo de ella), los enormes mafias han aumentado su infraestructura y se sumaron para traer la cocaína por medio de ese itinerario. Fundamentalmente, por estar menos observado, campar la corrupción en esos países y pues usan, exactamente, a estados en situación de enfrentamiento «donde la sustancia es moneda de cambio», enseña un especialista en la pelea contra el narcotráfico.

España es puerta del conjunto de naciones para lo bueno y para lo malo. Y, si bien se estima que aquí unicamente se queda el 20% del polvo blanco que entra, la ruta africana está sirviendo para alimentar a clubes distinguidos y a una clientela 'de prominente standing' de la ciudad más importante. «Esa sustancia no va a la Cañada Real ni a narcopisos, por supuesto», ironiza uno de nuestros informantes.

Lo es cierto que, por el parón del Covid-19, como ocurrió con la heroína, se causó una sobreproducción de cocaína, al no poder desplazarse hacia Europa por el cierre de fronteras. «Por lo tanto, hay considerablemente más en este preciso momento. Pero los conjuntos colombianos no desean invertir tanto dinero en alijos enormes, con lo que marchan tal y como si fueran cooperativas, en las que cada cártel pone una cantidad y se diversifican los envíos. Un mismo clan puede poner dinero para alijos en múltiples remesas o solo en una sección, tal es así que si la sustancia se queda por el sendero o es decomisada, solo pierde lo que ha invertido, y no el coste total del alijo», comentan.

Por ejemplo, un envío de una tonelada hacia España puede llegar a diferentes puertos, como Rotterdam (Holanda), otra sección por Algeciras y otra por Italia. La rama de este país se acostumbra encargar mucho más de la logística, más que nada del transporte. «Por el momento no se fía sustancia, se paga antes de escapar del destino», especifican fuentes de la policía a este periódico. El precio es de 2.000 euros el kilo, que entonces se vende a 35.000.

De ahí ese aumento de la ruta africana hasta Madrid, como rincón de distribución pero asimismo de paso hacia países del Este y Holanda, más que nada. Se hace un examen previo de la ruta, asegurándose que los puertos españoles quedarán expeditos para la entrada de los contenedores, más que nada, los de Valencia, Algeciras y Barcelona. Existe bastante corrupción en ciertos policías portuarios, encargados de estas interfaces de la Guardia Civil y, en menor medida, en Vigilancia Aduanera.

Si bien la sustancia se genere en España, «frente a la presión policial ejercida sobre otras sendas ejecutables, derivarlas hacia el conjunto de naciones africano como paso antes de Europa semeja sugerir un agregado de seguridad al transporte», asegura un informe sobre esto del Real Instituto Elcano. Los cárteles más habituales son los mexicanos, colombianos, de venezuela y brasileiros. Precisamente, de este país y de Surinam van los navíos con los contenedores, que recalan en la costa atlántica de África: Sierra Leona, Costa de Marfil, Togo, Ghana, Gambia, Benín, Guinea...

De hecho, en los últimos seis meses, la Policía Nacional ha acabado tres operaciones diferentes: «El tema es que no hay buenos servicios de sabiduría cuando la sustancia llega a África. Y de esos puertos van a países en guerra o con enfrentamientos continuos, como Libia y Siria, con una corrupción excepcional. De ahí, llega a España previo paso por Marruecos y Argelia».

Ciertamente, es una ruta considerablemente más alambicada e inclusive cara que el eje directo Suramérica-España, pero se corren menos peligros pues los controles relucen por su sepa y los pagos a autoridades policiales son el pan de cada día. Son los llamados «facilitadores (individuos) o «construcciones extrañas a la organización» (delincuentes o no, conformando redes), que trabajan bajo la supervisión de «figuras de representantes» de los contratantes para cerciorarse de que todo va según lo pactado, enseña el Instituto Elcano.

La operación Manaos, del pasado 25 de abril, es un ejemplo evidente de hasta dónde se puede llegar. El citado informe charla de África como «un espacio de impunidad singularmente atrayente para la criminalidad estructurada, por su debilidad institucional y la 'sepa de estatalidad' en toda la amplitud del término». Y allí es donde operaba el expolicía Miguel Ángel Devesa. Desde Costa de Marfil, trabajaba con el empresario vasco Aitor Picabea Carnes (con tres compañías pantalla dedicadas al transporte y a recursos raíces y no caducos) y con el marino José Muñiz Cadaval.

«Movían mucha mercancía en África. Cayeron con prácticamente 2 toneladas de cocaína, si bien eran capaces de desplazar 90 toneladas por año», indican fuentes de la policía.

Hace solamente cinco meses, la Brigada Central de Estupefacientes les abrochó las manos y el negocio, en una operación sin precedentes. Eran mesnaderos instalados ahora en África, una práctica poco común pero tan rentable como dañina, ya que hablamos de países, ciertos de ellos, donde existe la pena capital por tráfico de drogas.

Afincado y detenido en Costa de Marfil, donde operaba mediante una compañía, en la operación hubo otros nueve detenidos, entre ellos su colega español, y se intervinieron 1.800 kilogramos de sustancia. Por esa ruta se mueven hasta 60 toneladas de estupefaciente por año

Devesa aun mató a un colombiano a balazos (y después lo descuartizó) con el apoyo de un colega portugués y otro del país suramericano, en 2011.

Si bien les solicitaban cadena perpetua, Devesa y el portugués persuadieron al tribunal de que fue en defensa propia y les cayeron solo cinco años. El otro encausado salió absuelto.

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